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Confinamiento

Con el confinamiento decretado por el estado de alarma la medida del tiempo y de los días queda desleída, confinada también en una dimensión amalgamada de percepción relativa.

En mi caso casero la reclusión forzosa

se hace relativa también. Mi doble vertiente casera/viajera queda reducida a la primera mitad, pero con un solo motor se puede seguir funcionando. Aprovecho para organizar apuntes, proyectos literarios, ideas y pensamientos. En lo estrictamente literario, tengo acumulados tantos apuntes que podría cubrir varias cuarentenas ordenándolos y tratando de sacarles algún partido. Son la cosecha en bruto de mi motor viajero, a pleno rendimiento tantas veces y ahora parado por obligación sanitaria global. Ah, qué tiempos aquellos, cuando se podía viajar; o salir libremente a la calle, sin ir más lejos. 

Mientras ganamos tiempo en la lucha contra el nuevo virus mortal que sitia a la humanidad, yo veo alguna foto de aquellos viajes, de algún paseo sencillo y gratificante por cualquier calle de mi Oviedo. Y recupero de mis múltiples blocs de bolsillo las notas de los tiempos libres de encierro.

(...) Uno de los paseos por Oviedo más cambiante dentro de la ruta fija es el que me lleva a la estación para viajar fuera de la ciudad en tren o en autobús. Desde donde vivo la Losa es el camino natural y la atravieso sin renunciar a sorprenderme. A veces los surtidores de la fuente lanzan chorros repentinos a mi paso y espantan a las palomas. Otras veces reveo caras, situaciones, detalles conocidos barajados de nuevo.

(...) Simplemente salir a pasear sin rumbo, dispuesto a recibir e interpretar los soplos favorables de la ciudad para acudir a sus llamadas interiores y comunicarme con mi pasado.