Empuje

Escribir es siempre una labor solitaria. Corregir, muy tedioso. Corregirse uno mismo, un bucle torturante y a veces desalentador. Por todo ello no es de extrañar que a veces decaiga la moral y necesitemos parar a tomar aire. Lo bueno de los respiros es que, además de recuperadores, pueden también sorprender. Te encuentras un impulso nuevo e inesperado y entonces todo sube de nivel. Se te relanzan las ganas, las fuerzas y la motivación como cuando obtienes un premio literario o te sale publicado un libro.

Solamente puedo decir eso, que thank you for the company, boys.

 

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