El peso del humo (repesado)

Aprovechando la somera reforma efectuada, voy a enlazar aquí una historia. Una historia equivocada. Y sin embargo legible en:

  

Libros en el horno

No, no hablo de horno porque este verano marque temperaturas especialmente altas. Aparte de que vivo rodeado del frescor verde de Asturias, el exceso de calor no casa nada conmigo. De hecho con calor no puedo hacer nada que no sea intentar combatirlo, cuanto menos concentrarme para escribir.

A grandes males, remedios caseros

Pues estrenamos agosto este verano atípico. El tradicional mes de las vacaciones, sin vacaciones –al menos sin las vacaciones tal y como las conocíamos hasta este infausto año 20–. Toca apañarlo como se pueda para ir tirando por el túnel, esperemos que hacia la luz y no hacia más tinieblas. Para pasar el mal trago no existen recetas mágicas

Pensamiento evasivo, aunque giratorio

El verano llega a su ecuador y la incertidumbre prosigue también. No hay manera con esto. La sensación de provisionalidad lo invade todo y contribuye a aumentar el desconcierto general originado por la pandemia. Con la vida trastocada y los planes cancelados, nos queda poco donde agarrarnos. Por eso la introspección y el aislamiento

Música en desconcierto

Ya he experimentado otras veces ese mismo fenómeno de irrealidad sobre la irrealidad –la irrealidad ya intrínseca de los sueños–, pero esta noche pasada me hizo dudar de nuevo. Yo volvía 34 o 35 años atrás, a mi adolescencia del siglo pasado. Estaba en un concierto heavy fuera de mi ciudad, pero no lejos. Un plan propuesto

Valor con valores

No pocas veces me pesaba la evidencia descorazonadora de que nos faltaba valor para defender los valores. Como individuos y como sociedad. Me sigue pesando, claro; nada cambia de la noche a la mañana, ni con situación de posconfinamiento por pandemia ni sin ella. Son los pequeños gestos individuales